Daniel Sala-ley del jurado

No hace mucho tiempo  la confianza que tenía el consumidor en la entidad BANCAJA (hoy Bankia)  y en sus empleados  se erigía como  valor esencial a la hora de adquirir productos financieros. Muchos valencianos no habían  trabajado con otra entidad en toda su vida, y cuanto le decía el empleado era asumido como cierto.  Esa confianza fue quebrada cuando la entidad, necesidad de recursos,  se dedicó de forma masiva  a vender a sus ahorradores históricos productos financieros  de alto riesgo (preferentes,  subordinadas, swaps, etc.)  y culminó con la salida a bolsa y formulación de cuentas anuales del año 2011.

En el año 2011 la entidad Bankia precisaba captación de fondos externa y la salida a bolsa se perfiló como una de las opciones más viables, aunque para ello tuvieran que ocultar su verdadera situación contable

Por todos es sabido,   la promoción institucional que se hizo al efecto,  con la emisión de folletos dando explicaciones de la solvencia de la entidad, declaraciones de sus directivos en medios de comunicación   y la presión a la que fueron sometidos muchos de sus empleados para “colocar” dichas acciones entre sus clientes. Estos, además del dinero entregaban su confianza a la entidad

 En sus cuentas anuales de 2011, Bankia  aprobó unos beneficios de 309 millones de euros que, posteriormente, y con la reformulación de las cuentas por el nuevo consejo de Administración el día 24 de mayo de 2012 se tornó en unas pérdidas de 2790 millones de euros y la inmediata pérdida de valor de las acciones. Posteriormente, Bankia precisó se una inyección de fondos públicos de 24.000 millones de  euros  para evitar la quiebra.

A pesar de la contundencia de esos datos, aquellos consumidores que adquirieron las acciones tenían que acudir a la vía judicial para reclamar la nulidad de la compra, petición que era y sigue siendo contestada por la entidad oponiéndose. La mayor parte, ante la incertidumbre de la situación o por desinformación simplemente optaron por vender o mantener sus posiciones inversoras. .

Los recientes informes del banco de España, reafirmando la ocultación de los datos reales de la entidad en el momento de salida a Bolsa, así como la existencia de procesos penales contra Bankia y sus directivo, allanan aún más la posición de aquellos que quieran demandar a la entidad por dolo en la contratación,  incumplimiento de contrato por falta de información o error a la hora de prestar consentimiento. Además hay que tener en cuenta que la posibilidad de reclamar se extiende no solo a aquellos que compraron en la emisión de las acciones, sino aquellos que acudieron al mercado secundario hasta el mes de mayo de 2012.

Como toda mercantil que vende productos la viabilidad futura  de la entidad dependerá, en parte,   de la confianza que puedan tener sus clientes en el desarrollo de su actividad. Buen comienzo seria que Bankia, asumiendo el error que cometió,  además de pedir disculpas, procediera a devolver el dinero pagado por las acciones. Con ello conseguirá,  además, restituir a sus clientes  parte de la confianza que un día se le entregó, con las consecuencias de “ valor” que ello puede representar para la entidad.

Mucho me temo que esta no será la opción a corto plazo de Bankia, por lo que no cabe otra alternativa que demandarles, como ya estamos haciendo con éxito. Somos conscientes que al ganar las sentencias a nuestros clientes por la compra de acciones de Bankia  les estamos devolviendo  el dinero que  pusieron; la confianza en la entidad financiera, posiblemente no.