Publicado en El Mundo  el 8 de agosto de 2015

“Mi abuela ha llorado mucho. No le quedaban ni pestañas. Nunca se quitó el luto. Ni pudo superar la muerte de su hijo. Todo ese sufrimiento no puede quedar impune…No puede olvidarse sin más”.

La que así habla es Carmen Soler sobrina de José Martí Oliva. Su tío fue víctima del nazismo. Prisionero en los campos de concentración de Mauthausen i Gusen. Supo lo que es vivir en condiciones infrahumanas, trabajar de sol a sol, privado de libertad y de dignidad. Y murió solo, muy lejos de su casa en Paterna, de su familia.  Tenía 30 años.  Su único delito fue defender sus ideas. Y hoy, los suyos piden que se le haga justicia.

La trágica historia de José comienza a escribirse en la Guerra Civil Española. Este joven paternero se alista en el bando republicano, en la compañía de Lister. Durante la Batalla del Ebro, una de las más largas y sangrientas, cae herido. Es trasladado al hospital de Manises. Allí mientras cicatrizan sus heridas, conoce el final de la guerra y la derrota de los suyos.

Nunca se recuperará del todo de la cojera en la pierna herida. Pero la guerra le deja otra marca mucho más dura. La Vitoria de las tropas de Franco le sitúan en la diana de la persecución política….Se siente en peligro y, cuando le comunican que las tropas de Lister van a combatir en Francia contra el ejercito alemán, decide acompañarles,  volver al campo de batalla. Y continuar la lucha por sus ideales.  Esta vez en el escenario de la Segunda Guerra Mundial.

José cae prisionero en Francia de las tropas de Adolf Hitler. Y el destino encamina sus pasos hacia Austria, al campo de concentración de Mauthausen y más tarde a Gusen. Mautahusen era conocido entre los deportados como “el campo de concentración de los españoles”. Más de 7300 presos eran de esta nacionalidad, entre ellos, muchos republicanos que, como José, huyeron de la guerra civil española.

Sabemos de los sufrimientos que padeció allí José gracias al testimonio de otros dos paterneros:  Miquel Liern y Manuel Peris que compartieron con él la angustia del encierro, la tortura,  el hambre y los trabajos forzosos pero que, a diferencia de José, consiguieron salir vivos de ese infierno.

Contaron que José fue obligado a trabajar en la cantera de Granito. Porteaba mochilas cargadas con la piedra. Su salud era débil, la cojera de la pierna le hacia muy difícil el trabajo. La escasez de comida, de descanso, de medicinas, le fue debilitando. No era ya útil para el trabajo.  Y, 7 meses después de su ingreso en el campo de concentración, fue ejecutado en la cámara de gas. Era el día de Navidad, el 25 de diciembre de 1941.

Su muerte queda registrada. La información se descubre gracias al prisionero que se encargaba de hacer un listado de altas y bajas en el campo de concentración. Decidió hacer una copia de esa lista negra y esconderla. Cuando el campo fue liberado por las tropas norteamericanas el 5 de mayo de 1945, ese registro vio, por fin,  la luz y con él muchas familias conocieron la terrible suerte que habían corrido sus seres queridos.

“Nunca pudimos recuperar su cuerpo, no tenemos siquiera una tumba donde llorarle, explica Vicenta Soler, sobrina de José.  Mi abuela esperaba su regreso. Nadie le notificó oficialmente su muerte. Si no llega a ser por los dos supervivientes del pueblo,  no habría conocido el final de su hijo”. José les pidió que contarán su historia, y ellos cumplieron su palabra”.

La madre de José llamó a algunas puertas. Pidió en su día que se le compensará por tanto sufrimiento. Pero sólo obtuvo negativas. Hoy sus nietos han decidido continuar su lucha.

José Domingo Monforte es su abogado. Desde su despacho se ha iniciado una investigación jurídico-legal para conocer y, en su caso, solicitar todas las compensaciones que puedan corresponder a las víctimas y perjudicados por los crímenes de la Segunda Guerra Mundial. “Es una tarea complicada porque en nuestro ordenamiento jurídico, estas indemnizaciones no se regulan de forma directa como ocurre en otras legislaciones extranjeras. Y, los demandantes son sobrinos. José nunca tuvo hijos…..Y sus padres ya han fallecido”. Pero asegura: “Intentaremos dar visibilidad a la historia de José, a su sufrimiento y al de su familia y agotaremos todas las vías posibles para que su encarcelamiento, tortura y muerte no quede impune”.

La guerra acabó, y los campos de concentración nazis son ya sólo una página negra de nuestra historia reciente….Pero las heridas que dejaron continúan abiertas en muchas familias que, 70 años después todavía esperan justicia.