DERECHO DE LA MÚSICA: EL CONTRATO DE EDICIÓN MUSICAL

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Área de Derecho de la Música y Propiedad intelectual

En el presente artículo abordaremos algunos de los elementos esenciales del contrato de edición musical y las cuestiones básicas a tener en cuenta en su negociación. También explicaremos la figura del editor musical y las funciones que adquiere.

La edición musical consiste en la explotación económica y en la gestión de los ingresos que se generan por el uso de una canción, como una creación de protección intelectual independiente de la concreta grabación sonora de esa canción. En nuestra legislación, el autor ostenta la propiedad de la obra musical (música, letra y melodía) y la titularidad de los derechos de autor simplemente por el acto de su creación.

Dentro de los derechos de autor, encontramos los derechos patrimoniales o de explotación, que permiten obtener una compensación económica por la reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de la obra. Estos pueden cederse a un editor a través del contrato de edición musical, por el que autor cede la facultad explotación de su obra, a cambio de una participación en los ingresos que la misma genere.

La manera de consumir y explotar música en el mercado actual dista mucho de lo que era décadas atrás. En el pasado, la función del editor musical se limitaba a la impresión y distribución de partituras musicales. Hoy en día, en un contexto en el que la música se consume principalmente a través plataformas streaming y en soportes sonoros, y no a través del formato papel, la posición del editor es muy distinta.

La actividad de los editores se ha orientado cada vez más a la promoción de las canciones en el mercado (negociando, por ejemplo, licencias de sincronización en producciones audiovisuales, o licencias de comunicación pública para radio o televisión), pagar anticipos a autores, o registrar las obras en las entidades de gestión correspondientes.  Los editores se encargan de recaudar, proteger y explotar los derechos de autor de las canciones, con el fin de generar unos ingresos, así como de asegurarse que los autores perciban los royalties que les corresponden por la utilización de las mismas. Recordemos que lo que se explota es la canción como elemento independiente de cualquier concreta grabación sonora de la misma (máster).

En contraprestación por estas labores, el autor cede al editor una participación en los ingresos que la obra genera. Por tanto, es importante que el autor revise con detalle el reparto de porcentajes de los derechos de explotación, asegurándose de que no contenga cláusulas desfavorables para él.

Por medio de este contrato, el editor adquiere, principalmente, las siguientes obligaciones:

  • Llevar a cabo la reproducción de la obra y de incluir el nombre del autor en la misma.
  • Satisfacer al autor la remuneración pactada y practicar la oportuna liquidación.
  • El registro de la canción en entidades encargadas de la gestión de derechos patrimoniales, como la SGAE, así como realizar un seguimiento de los usos.
  • Poner todos los medios necesarios para una explotación efectiva de la obra según los usos de la actividad. Como ya hemos visto, las funciones del editor no se limitan a proteger tus derechos de autor, sino también a asegurar el éxito de tu obra, adquiriendo la obligación de poner todos los medios instrumentales necesarios para hacer efectiva la explotación que se ha concedido, según la naturaleza de la obra y los usos vigentes de la actividad profesional.

Asimismo, existen dos figuras a las que puede acudir el autor en caso de que el editor no esté cumpliendo correctamente con sus obligaciones: la acción de revisión por remuneración no equitativa (art. 47 TRLPI) y el derecho de revocación (art. 48 bis TRLPI).  La acción de revisión permite al autor pedir la revisión del contrato si se produjese una manifiesta desproporción entre la remuneración inicialmente pactada y la totalidad de los ingresos subsiguientes derivados de la explotación de la obra. Por otro lado, el derecho de revocación regula la facultad del autor de resolver el contrato si la cesión de sus derechos ha sido en régimen de exclusividad y la obra no está siendo explotada.

Por su parte, la ley también otorga al autor una serie de obligaciones, tales como la entrega al editor de la obra en la forma adecuada para su reproducción, y dentro del plazo convenido. Además, el autor adquiere la responsabilidad frente al editor de la originalidad y autoría de la obra, así como del ejercicio pacífico de los derechos cedidos.

Contenido mínimo del contrato de edición musical (art. 60 TRLPI). El contrato de edición debe de formalizarse necesariamente por escrito, y deberá de expresar, en todo caso:

1.Si la cesión es o no en exclusiva, puesto que la ley reconoce la posibilidad de que el editor pueda  “explotar la obra con exclusión de otra persona” (art. 48 TRLPI).

2.El ámbito territorial de la cesión (art. 60.2 TRLPI). En el caso de que no se determine, se entenderá que lo será el país en que se realice (art. 43.2 TRLPI).

  1. Que se especifique la forma de distribución, y los ejemplares que se reservan al autor, a la crítica y a la promoción de la obra.
  2. La remuneración del autor.
  3. El plazo en el que el editor deberá poner en circulación la obra, que no podrá exceder de dos años desde que el autor la entregue.
  4. El plazo en el que el autor debe de entregar al editor la obra.

No existe un límite temporal de cesión de los derechos. La ley no contempla un límite temporal para la cesión de los derechos patrimoniales, más allá del que viene impuesto a la propia vida de los mismos. Éstos duran toda la vida del autor y hasta 70 años después de su muerte. Es habitual que en este tipo de contratos se pacte que la cesión de la explotación dure todo este tiempo, hasta que la obra pase a ser de dominio público. No obstante, si eres autor, es recomendable que te asegures de pactar una duración inferior, que vaya normalmente desde los 10 a los 25 años.

Por tanto, podemos concluir que el editor actúa como importante intermediario entre el autor y la industria, desempeñando funciones que van más allá que la mera protección de los derechos de autor, en la medida que es quien debe realizar lo necesario para asegurar una explotación efectiva y continua de su obra. Por tanto, es esencial que el autor comprenda completamente los términos y condiciones antes de firmar este tipo de contratos, pues pueden ser determinantes para el éxito a largo plazo de su música.

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