Publicado en Levante-EMV el 22 de junio.

José Domingo Monforte. Socio-director de DOMINGO MONFORTE Abogados.

La dependencia del móvil puede llevar a la muerte, así, sin más… Puede resultar  algo apocalíptico pero no. Se está produciendo un aumento considerable y ciertamente alarmante de atropellos y accidente de peatones que cruzan calles sin mirar, con desatención plena de los semáforos, se detienen en la calzada, ante la distracción del entorno, tropiezan con farolas o con otros viandantes… Con la vista puesta y su atención plena en su smartphone, son ya conocidos como “peatones zombies”. Recientemente leía en este periódico la noticia de que una empresa valenciana había desarrollado una tecnología ante el fenómeno de los llamados peatones ‘zombies’, es decir, aquellos que caminan distraídos por el móvil y que sufren, por tanto, el riesgo de ser atropellados y que diversos municipios españoles -como el de Azuqueca de Henares, o recientemente, Ibiza- han instalado ya en sus calles una innovadora baliza semafórica. La información, además, aportaba el dato de un estudio que concluía que en el 98% de los casos en los que el peatón resultaba culpable, el accidente estaba causado por el uso de los smartphone.

Es como una suerte de síndrome de abducción o secuestro de la voluntad momentánea, o más o menos permanente,  por el alienígena celular en forma de plataforma informática móvil,  y de su inteligente capacidad de computación que permite utilizarlo como agenda,  hacer vídeo llamadas, transferencia de archivos, realizar pagos o usar un sistema GPS. Y su conectividad en redes sociales, las llamadas o mensajes de WhatsApp generan alertas visibles en su pantalla principal que promueven el interés inmediato -cuando no la atención y concentración-. Estos usuarios responden al input del smartphone como personas abducidas por extraterrestres revelando ya muchos de ellos rasgos neurológicos y psiquiátricos similares a los de personas que dicen haber estado en contacto con extraterrestres. Sintomatología  ciertamente muy parecida, con rasgos como el sonambulismo viandante por la abducción y dependencia  emocional y compulsiva del teléfono inteligente y el miedo insuperable que les invade cuando creen haberlo extraviado.

Ciertamente, lo del síndrome del “Alien” puede resultar un tanto exagerado, aunque yo creo que no y voy a intentar convencerles. Para ello,  les propongo empezar por recordar que alien es una palabra latina cuyo  significado es: “extraño”, “ajeno” o “el/lo otro”. Ajeno como lo son o lo eran dichos inteligentes aparatos que ya han conquistado a la humanidad y siguen esforzándose en avanzar y generar cada vez más y más dependencia. Si comenzamos por los jóvenes -que son los acreedores naturales del tiempo futuro- en recientes encuestas éstos manifiestan  estar seguros de que su smartphone es su mejor amigo y han reconocido sufrir crisis de ansiedad si no pueden cargarlo, y de pánico si creen haberlo perdido. Ello no debe de extrañar a juzgar por el tiempo que le dedican y le entregan obsequiosamente usando de los hipnóticos videojuegos y las múltiples opciones de descarga de diversos y variados contenidos que permanentemente les ofrecen.

Son los responsables de comportamientos problemáticos y de malos hábitos, al generar la necesidad de estar permanentemente revisándolo por si hay alguna novedad en la redes sociales. Promueven el aislamiento familiar favorecido por la prioridad de entregar la atención y el tiempo al dispositivo inteligente de bolsillo –entrega en la que función de teléfono comienza a ser la residual-. Han conseguido ser los protagonistas de las reuniones y de que no se converse, al prestar más atención al estado en Facebook o Twitter, a la red, los chismes o lo que hacen los demás, que a las personas que se tiene delante. Cuando se habla se sostiene en la mano, para tenerlo cerca, y en no pocas ocasiones no se despega la mirada del teléfono. Estoy seguro de que comenzaremos a estar de acuerdo en que nos está afectando seriamente y que fractura la  base y esencia de la comunicación directa. Han conseguido que ya no se respeten espacios, da igual estar en misa o en el cine.

En los accidentes por hechos de la circulación de peatones por atropellos -en lo que antes llamábamos por culpa del peatón atolondrado que era menos frecuente y que ahora asume la categoría de zombies,  con alto crecimiento de accidentes graves- se aplicaba jurídicamente la causa exoneradora de la responsabilidad civil por la culpa exclusiva de la víctima, quien asumía su propio riesgo al interferir su comportamiento desatento en el resultado lesivo. La jurisprudencia viene considerando que el peatón se sitúa en posición de riesgo y asume y acepta sus consecuencias. Sin embargo, un avance e hito importante de la responsabilidad civil de este tercer milenio, aunque ahora resulte ciencia ficción, sería desplazar la responsabilidad sobre los artífices y causantes de hacer del peatón un  zombie, y a éstos todos los reconocemos; son los que generan la ganancia sin techo con nuevas  tecnologías y dispositivos cada vez más y más inteligentes  pero que no son capaces de advertir sus riesgos como tampoco de generar deseables hábitos de uso.