¿Maternidad o carrera profesional?. Es la encrucijada en la que se encuentran, a lo largo de su vida laboral, demasiadas mujeres. De entre las que consiguieron un contrato el año pasado, una de cada cuatro, lo firmaron a tiempo parcial. Y la gran mayoría declara que lo hacen para poder cuidar a un familiar. Los tiempos cambian, las leyes las protegen pero, todavía para nuestra sociedad, la conciliación de la vida familiar y laboral tiene cara de mujer. Un rol que se acentúa cuando llegan los niños.

Los empresarios lo saben. Muchos son maridos, padres o hermanos pero a la hora de contratar parecen actuar sólo como empresarios. En igualdad de condiciones la balanza se decanta siempre hacia el hombre. Ella se puede quedar embarazada o si tiene hijos quizá el absentismo laboral sea mayor, ¿quien lleva a los niños al médico? ¿Quién se queda en casa para cuidarlos cuando están enfermos? ¿Quién no se pierde una tutoría con la maestra?…..Para muchos la única respuesta a estas preguntas es: la madre.

Permisos parentales iguales e intransferibles para ellas y ellos

 ¿Por qué? ¿Qué está fallando?. La respuesta se encuentra, básicamente, en los prejuicios sociales. Pero, desde la ley, se puede trabajar para cambiarlos. En el año 2013, el 98 por cien de quienes hicieron uso del permiso de maternidad fueron mujeres. La ley permite que también puedan hacerlo los hombres pero, en la práctica eso ocurre sólo en contadas ocasiones. Una medida que se propone desde los sindicatos y que, a nuestro parecer, se debe tener en cuenta sería dividir los permisos entre padre y madre a partes iguales y establecer que ellos no puedan ceder sus períodos a las madres. Sólo si este derecho es personal e intransferible, la persona que tenga derecho a disfrutarlo lo hará. El objetivo sería evitar que la posibilidad de un embarazo penalice sólo a la mujer. Si tanto el padre como la madre tienen idénticas probabilidades de disfrutar de un permiso, la empresa se guiará sólo por criterios estrictamente profesionales a la hora de decidir la contratación de un hombre o una mujer. Una medida, que para ser justa, debería ir acompañada de reducciones de jornada para la madre que le permitan seguir con la lactancia en caso de que esta sea su decisión.

El Techo de Cristal

Un tercio de las medianas y grandes empresas no tienen mujeres en su dirección. Pese a que las ellas representan más de la mitad de la población con estudios universitarios, apenas ocupan el 22 por ciento de los puestos directivos. Un porcentaje que sitúa a España un punto por debajo de la media europea. Son titulares de prensa que muestran una realidad: se ha avanzado mucho en el reconocimiento de los derechos de la mujer pero la igualdad todavía es una meta deseable pero lejana.

Las mujeres luchan por romper el techo de cristal que impide su crecimiento profesional, un objetivo que difícilmente conseguirán mientras no se repartan equitativamente las responsabilidades familiares.

La brecha salarial

La presencia de mujeres directivas es uno de los puntos débiles del mercado laboral, pero hay otro que, muestra todavía con mayor crudeza la desigualdad entre hombres y mujeres: la brecha salarial. Según un informe de la Central Sindical y de Funcionarios (CSI-F), la diferencia de sueldo entre ellos y ellas en la administración pública se sitúa en un 14 por cien. Si hablamos de la empresa privada la brecha salarial se amplia hasta un escalofriante 17 por ciento. A lo que hay que añadir que la maternidad penaliza. La Organización Mundial del Trabajo (OIT) asegura que las mujeres con hijos ganan un 5 % menos que las que no los tienen. Otro dato para el análisis.

Desde el derecho y  los tribunales se puede trabajar para corregir las desigualdades con las que el mercado laboral castiga a la mujer trabajadora. Pero estamos convencidos de que esta no es una cuestión de leyes, si no de justicia social. Una cuestión para reivindicar siempre pero especialmente  el  8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.