Publicado en Las Provincias.

Veo en un programa de televisión la historia de Pascal. Un perro que ha conocido en su propia piel la crueldad humana. Unos niños turcos lo bañaron en pegamento y lo embadurnaron de barro. La mezcla creo una coraza en su cuerpo que le impedía respirar. Los cuidados de una organización internacional de ayuda a los animales lo salvaron de una muerte segura. Ahora Pascal está en España. Le buscan una familia de adopción. Se ha recuperado de sus heridas pero conserva el miedo y una mirada triste como herencia de la barbarie sufrida. Sus ojos me hacen pensar. ¿Quién defiende a Pascal y a otros muchos animales víctimas del maltrato?.

Hasta hace solo dos años, el maltrato animal salía gratis en España. Fue a partir de la reforma del Código Penal de julio de 2015 cuando empezó a considerarse delito abandonar a un animal en condiciones de peligro para su vida o integridad. Delito que se castiga con pena de multa de uno a seis meses de cárcel así como la inhabilitación para tener animales y para ejercer cualquier oficio relacionado con ellos.

Es un paso adelante, pero hay muchos países que nos llevan gran ventaja en esta carrera por los derechos de los animales. En Suiza, tienen una de las legislaciones más avanzadas. Allí, en caso de maltrato cruel, el gobierno puede proporcionar un abogado a los animales. Sorprendente ¿verdad?. Me relaciono con muchos letrados y me cuesta imaginarlos defendiendo ante un juez a un perro, un gato o un caballo. Pero lo cierto es que esa medida permite dar a los animales voz ante los tribunales y si el maltratador tiene derecho a un abogado ¿por qué no lo ha de tener su víctima, por muy animal que sea?

Quizá un abogado no sea la panacea para hacer justicia a los animales maltratados, pero ayuda a encontrar la clave de la cuestión legal ¿consideramos a los animales una propiedad o seres con sentimientos y derechos?. En el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europease reconoce a los animales la capacidad de sentir y se insta a los estados miembros a que adapten su normativa para proteger a los animales del maltrato y asegurar su bienestar.

En España, la mencionada reforma del Código Penal recoge esta nueva sensibilidad social hacia los derechos de los animales. Se les reconoce que son un bien jurídico que se debe proteger y lo son por sí mismos y no solo por formar parte del ecosistema o del medio ambiente, que era la corriente doctrinal anterior.

Esta nueva legislación ha propiciado sentencias cada vez más severas para castigar la crueldad con los animales. Y ya no es raro encontrar penas de cárcel para los maltratadores. Incluso, cuando el animal salva la vida. O el maltrato se produce sin utilizar la fuerza,  por el simple abandono que implica dejar de atender sus necesidades básicas.

Por criterio del juez, se han producido ya los primeros ingresos en prisión por maltrato y abandono animal que acabaron en muerte. Pero, en la mayoría de los casos, los maltratadores no llegan a entrar a la cárcel,  porque las penas no superan los dos años y suelen ser suspendidas. Algunas corrientes doctrinales piden un tipo agravado para delitos continuados o especialmente crueles. Y las organizaciones de protección de los animales reivindican períodos de inhabilitación más largos.

En todo caso, por delante de los cambios legislativos está la evolución de la sensibilidad social. Es ahí donde hay que trabajar para educar a los niños, desde bien pequeños, en el respeto hacia todos los seres vivos. Y en el rechazo a la violencia, aunque la víctima camine a cuatro patas. Si conseguimos eso, los animales no necesitarán un abogado.